
Si llegaste hasta aquí es porque quieres entender qué opciones existen para lograr el embarazo y cuál es la indicada para ti. Es una inquietud lógica, y la respuesta tiene un orden: primero el diagnóstico, después el tratamiento. En esta nota te contamos cómo se ordenan los tratamientos de fertilidad, qué diferencia a los de baja complejidad de los de alta complejidad y qué mejoras pueden sumarse a cada uno.
Primero el diagnóstico, después el tratamiento
Los tratamientos de fertilidad suelen presentarse como una escalera: se empieza por el escalón más sencillo y, si no funciona, se sube al siguiente. Esa escalera existe, pero tu camino se define de otra manera. Cada tratamiento resuelve un problema concreto, y para saber cuál es el tuyo necesitamos conocer tu situación real: tu reserva ovárica, tu ovulación, tus trompas, tu útero, el espermograma de tu pareja si la tienes, tu edad y el tiempo que llevas buscando.
Con ese diagnóstico en la mano, el plan puede ir en cualquiera de las dos direcciones. Hay situaciones en las que subir escalón por escalón solo suma meses y desgaste, porque el diagnóstico ya muestra que el camino más directo es un tratamiento de alta complejidad. Y hay situaciones en las que el tratamiento más sencillo corrige el problema de base, y con eso alcanza para lograr el embarazo: en ese caso, quedarnos en ese escalón es la decisión correcta.
Por eso en Embrya el orden es siempre el mismo: escuchamos tu historia, definimos qué está pasando, diseñamos el tratamiento que corresponde a ese diagnóstico y te acompañamos durante todo el recorrido. El tratamiento es una consecuencia del diagnóstico, y tú vas a salir de la consulta sabiendo por qué te proponemos ese y no otro.
Qué son los tratamientos de baja complejidad
Se llaman de baja complejidad porque la fecundación, es decir el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide, ocurre dentro de tu cuerpo. Nuestro trabajo consiste en acompañar y mejorar ese proceso natural. Son tratamientos más sencillos de realizar, con menos medicación y menos estudios intermedios, y suelen indicarse cuando el diagnóstico muestra un problema que puede resolverse de esta forma.
Los tres tratamientos de baja complejidad son:
Relaciones programadas. Seguimos tu ciclo con ecografías para identificar el momento de la ovulación y te indicamos los días óptimos para tener relaciones. Se utiliza cuando la ovulación es el punto a ordenar y el resto del estudio es favorable.
Estimulación ovárica. Con medicación suave ayudamos a que tus ovarios produzcan uno o dos óvulos maduros en el ciclo, y controlamos el crecimiento de los folículos con ecografías. Se indica cuando la ovulación es irregular o ausente, como ocurre en el síndrome de ovario poliquístico, y puede combinarse con relaciones programadas o con inseminación.
Inseminación intrauterina. El día de la ovulación colocamos dentro de tu útero una muestra de semen preparada en el laboratorio, con los espermatozoides de mejor movilidad concentrados. Acorta el camino que deben recorrer los espermatozoides y aumenta la cantidad que llega al lugar del encuentro. Se indica en alteraciones leves del semen, en problemas del moco cervical, en algunos casos de infertilidad sin causa aparente y cuando se utiliza semen de donante. Para que sea posible, al menos una de tus trompas debe estar permeable.
Qué son los tratamientos de alta complejidad
Se llaman de alta complejidad porque la fecundación ocurre fuera de tu cuerpo, en el laboratorio de embriología. Requieren una estimulación ovárica más intensa, un procedimiento para obtener los óvulos y un equipo de laboratorio que cultiva los embriones durante varios días antes de transferirlos a tu útero. Son tratamientos con más pasos, más medicación y más controles, y por eso mismo permiten resolver problemas que la baja complejidad no alcanza.
Los tratamientos de alta complejidad son:
Fecundación in vitro (FIV). Estimulamos tus ovarios para obtener varios óvulos, los aspiramos con un procedimiento breve bajo sedación y en el laboratorio los ponemos en contacto con los espermatozoides para que la fecundación ocurra de forma espontánea. Los embriones que se forman se cultivan y el mejor se transfiere a tu útero. Se indica cuando las trompas están obstruidas, en endometriosis, cuando hay baja reserva ovárica, cuando los tratamientos de baja complejidad no dieron resultado y en muchos casos de infertilidad sin causa aparente.
ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoides). Es una variante de la FIV en la que el embriólogo introduce un único espermatozoide dentro de cada óvulo. Se utiliza cuando el semen tiene alteraciones importantes en cantidad, movilidad o forma, cuando los espermatozoides deben obtenerse directamente del testículo o cuando en un intento anterior la fecundación no ocurrió.
Ovodonación y donación de semen. Cuando por edad o por una reserva ovárica muy baja tus propios óvulos dejan de ser el camino, o cuando el semen requiere reemplazarse, el tratamiento se realiza con gametos de un donante. Es una FIV o ICSI en la que cambia el origen de los óvulos o de los espermatozoides, y para muchas personas es el camino que hace posible el embarazo.
Criopreservación de embriones y de óvulos. Los embriones que no se transfieren en el ciclo se vitrifican y quedan disponibles para un intento posterior, sin necesidad de una nueva estimulación. La vitrificación de óvulos te permite preservar tu fertilidad y decidir más adelante cuándo buscar el embarazo.
Cómo elegimos entre uno y otro
La complejidad del tratamiento se decide por tu diagnóstico, y en tu diagnóstico pesan varias cosas a la vez: tu edad, tu reserva ovárica, el estado de tus trompas y de tu útero, la calidad del semen, el tiempo que llevas buscando y los tratamientos que ya hiciste. Con todo eso sobre la mesa, el equipo define cuál es el tratamiento que tiene mayor probabilidad de éxito para tu caso, y te lo explicamos en palabras claras: qué te proponemos, por qué, qué alternativas existen y en qué momento volvemos a evaluar si el camino sigue siendo el mejor para ti.
Lo que tienes que saber es que la elección es tuya, con nosotros al lado. Tú, quien te acompañe y nuestro equipo somos un mismo equipo que proyecta junto, y cada decisión se toma con información y con tiempo para preguntar.
Lo que sigue: las mejoras que pueden sumarse a tu tratamiento
Muchos de estos tratamientos pueden acompañarse de técnicas complementarias que, en situaciones concretas, mejoran las probabilidades o reducen los riesgos (el estudio genético de los embriones, el cultivo hasta blastocisto, el seguimiento del desarrollo embrionario con incubadoras de imagen continua, el assisted hatching, el EmbryoGlue, el estudio de receptividad del endometrio, el plasma rico en plaquetas, la selección espermática por microfluídica o ZyMōt, entre otras). Cada una tiene su indicación precisa, y de eso te vamos a hablar en detalle en nuestra próxima nota.
Para recibirla en tu casilla en cuanto la publiquemos, déjanos tu email en el formulario que ves en esta misma página. Y si mientras tanto quieres conocer cuál es el tratamiento indicado para ti, escríbenos: haz clic en el ícono de WhatsApp que ves en la página principal y pide tu turno para esta misma semana. Una consulta es el mejor lugar para resolver tus dudas, conocer tu situación real y decidir con información. Estamos aquí para acompañarte.Sobre cómo influye el factor tiempo a la hora de elegir un tratamiento, el Dr. Lucas Almoño lo aborda en ¿Existe una edad óptima para buscar embarazo?.
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