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Fertilidad masculina: los factores que participan en la búsqueda del embarazo y cómo los estudiamos

Testículos, espermograma, hormonas, vías de transporte y ADN espermático: qué hace cada uno, qué puede alterarse y con qué estudios sencillos lo evaluamos. La mitad de la información está en el varón.

Dr. Lucas Almoño7 min de lectura
Fertilidad masculina: los factores que participan en la búsqueda del embarazo y cómo los estudiamos

Cuando se busca un embarazo, la mitad de la información está en el varón. Es normal que al principio toda la atención se concentre en la mujer, porque es ella quien va a gestar, pero en aproximadamente la mitad de los casos en los que el embarazo se hace esperar hay un factor masculino participando, solo o combinado con uno femenino. La buena noticia es que estudiarlo es sencillo, rápido y aporta muchísima claridad. Aquí te contamos cuáles son las piezas que participan del lado masculino, qué puede alterarse en cada una y cómo lo estudiamos en Embrya.

Los testículos: donde se producen los espermatozoides

Los testículos fabrican espermatozoides de manera continua durante toda la vida adulta. Cada espermatozoide tarda alrededor de 72 días en formarse y madurar, y ese dato es importante: lo que ocurre hoy en tu cuerpo se refleja en el semen de dentro de dos o tres meses.

Lo que puede alterarse es la cantidad o la calidad de esa producción. Las causas más frecuentes son el varicocele, que es una dilatación de las venas del testículo y afecta a alrededor del 15 por ciento de los varones, las infecciones previas, los antecedentes de testículos que descendieron tarde en la infancia, algunas cirugías, los golpes o torsiones, la exposición al calor sostenido y ciertos tratamientos médicos. También hay causas genéticas que se estudian cuando la alteración es muy marcada.

Cómo lo estudiamos: con un examen físico sencillo en el consultorio y, cuando hace falta, con una ecografía Doppler testicular, que muestra el tamaño de los testículos, la presencia de varicocele y cualquier otro hallazgo que convenga conocer.

El espermograma: la fotografía del semen

El espermograma es el estudio central de la fertilidad masculina. Analiza una muestra de semen y mide tres cosas principales: cuántos espermatozoides hay, cómo se mueven y qué forma tienen. Además evalúa el volumen, la acidez y la presencia de células inflamatorias.

Lo que puede alterarse es cualquiera de esos parámetros. Una cantidad baja se llama oligozoospermia, una movilidad reducida se llama astenozoospermia y una proporción elevada de formas atípicas se llama teratozoospermia. Muchas veces se combinan. La ausencia total de espermatozoides en la muestra se llama azoospermia, y aun en ese caso existen caminos, porque con frecuencia los testículos siguen produciendo y el problema está en el transporte.

Cómo lo estudiamos: te pedimos la muestra con entre dos y cinco días de abstinencia, en un laboratorio especializado que trabaja con los criterios de la Organización Mundial de la Salud. Un resultado alterado siempre se confirma con una segunda muestra separada por algunas semanas, porque el semen varía mucho de un día a otro y una sola medición puede dar una imagen incompleta. Con dos espermogramas tenemos una lectura confiable.

Las hormonas que dirigen la producción

Igual que en la mujer, la producción de espermatozoides depende de un diálogo entre el cerebro, la hipófisis y los testículos. La FSH estimula la formación de espermatozoides, la LH estimula la producción de testosterona, y la testosterona sostiene todo el proceso.

Lo que puede alterarse es cualquiera de esos niveles. Una FSH alta suele indicar que el testículo está trabajando con dificultad. Una testosterona baja puede reducir la producción y también el deseo sexual. Una prolactina alta o una alteración de la tiroides pueden frenar todo el eje. Algunas de estas situaciones se corrigen con tratamientos simples.

Cómo lo estudiamos: con un análisis de sangre por la mañana que incluye FSH, LH, testosterona y prolactina, y según tu caso TSH y estradiol. Lo pedimos sobre todo cuando el espermograma muestra una alteración marcada, porque su resultado orienta el tratamiento.

Las vías de transporte: el camino desde el testículo

Los espermatozoides salen del testículo, maduran en el epidídimo y viajan por los conductos deferentes hasta mezclarse con el líquido de la próstata y las vesículas seminales en el momento de la eyaculación.

Lo que puede alterarse es que ese camino esté obstruido o ausente. Las causas más frecuentes son infecciones previas, una vasectomía anterior, cirugías de la zona y, en algunos casos, la ausencia de los conductos deferentes desde el nacimiento, que se asocia a una variante genética que conviene estudiar. Cuando el transporte está bloqueado, el espermograma muestra muy pocos o ningún espermatozoide aunque el testículo funcione bien.

Cómo lo estudiamos: con el examen físico, la ecografía y el perfil hormonal. Cuando el espermograma muestra azoospermia con hormonas normales y testículos de tamaño adecuado, sospechamos una obstrucción, y en ese caso sumamos estudios genéticos y evaluamos con un especialista en andrología la posibilidad de obtener espermatozoides directamente del testículo.

La calidad del ADN de los espermatozoides

Un espermatozoide puede moverse bien y tener buena forma y, aun así, llevar un material genético dañado. Eso se llama fragmentación del ADN espermático, y se asocia a mayor dificultad para lograr el embarazo y a un riesgo más alto de pérdida temprana.

Lo que puede alterarse es el nivel de esa fragmentación. Las causas más frecuentes son el tabaco, el calor, el varicocele, las infecciones, la edad y algunos hábitos de vida. Muchas de ellas se pueden modificar, y la fragmentación suele mejorar en dos o tres meses cuando se corrige la causa.

Cómo lo estudiamos: con un test de fragmentación del ADN espermático, que se realiza sobre una muestra de semen. Lo pedimos en situaciones puntuales: pérdidas de embarazo repetidas, fallos de tratamientos previos, varicocele o cuando el espermograma es normal y aun así el embarazo se hace esperar.

La edad y los hábitos

La fertilidad masculina también cambia con los años, de manera más gradual que la femenina pero real: a partir de los 40 la calidad del semen y del ADN espermático va disminuyendo. Los hábitos pesan mucho. El tabaco, el alcohol en exceso, el sobrepeso, el sedentarismo, el uso de anabólicos, el calor sostenido en la zona genital y algunos medicamentos afectan directamente la producción. Sobre todo esto tienes margen de acción, y como los espermatozoides se renuevan cada dos o tres meses, los cambios se reflejan rápido.

Cómo lo abordamos en Embrya

Cuando llegas a tu primera consulta, empezamos por escucharte: tu historia, tus antecedentes y lo que sientes. A partir de ahí definimos juntos qué estudios tienen sentido para tu caso. La mayoría de las veces, con un espermograma bien hecho, un examen físico y, si corresponde, un análisis hormonal, tenemos la información que necesitamos. Siempre lo evaluamos en paralelo con el estudio de quien te acompañe, porque la fertilidad es de dos y el plan se diseña para los dos.

Con esos resultados armamos un plan que puedas leer y entender de principio a fin, y te acompañamos en cada paso. Tú, quien te acompañe y nosotros somos un mismo equipo, y cada dato que obtenemos es una pieza más para proyectar juntos el camino que sigue.

Un lugar para tus preguntas

Si algo de lo que leíste te resonó, si el embarazo se está haciendo esperar más de lo que imaginabas, si tuviste un espermograma alterado o simplemente quieres saber cómo está tu fertilidad hoy, escríbenos. Haz clic en el ícono de WhatsApp que ves en la página principal y pide tu turno para esta misma semana. Una consulta es el mejor lugar para resolver tus dudas, conocer tu situación real y decidir con información. Estamos aquí para acompañarte.

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