
Cuando empiezas a buscar un embarazo, es natural que quieras entender qué está pasando dentro de tu cuerpo y qué necesita funcionar para que ocurra. Es normal que así sea, y conocerlo te da una tranquilidad concreta: cada factor tiene un estudio sencillo que lo evalúa, y cada hallazgo tiene un camino. Aquí te contamos cuáles son las piezas que participan del lado femenino, qué puede alterarse en cada una y cómo lo estudiamos en Embrya.
La ovulación: el punto de partida
Cada mes, uno de tus ovarios madura un óvulo y lo libera hacia la trompa. Ese proceso se llama ovulación y es el primer requisito para que un embarazo sea posible. Un ciclo regular, de entre 24 y 35 días, suele indicar que estás ovulando.
Lo que puede alterarse es el ritmo o la ausencia de esa ovulación. Ciclos muy largos, muy cortos o irregulares, y sobre todo la falta de menstruación durante meses, indican que el óvulo se libera con menos frecuencia o directamente se retiene. La causa más frecuente es el síndrome de ovario poliquístico, y también influyen el peso, el ejercicio muy intenso, el estrés sostenido y algunas alteraciones hormonales que veremos más abajo.
Cómo lo estudiamos: con tu historia menstrual, que ya nos dice mucho, y con un análisis de progesterona en sangre en la segunda mitad del ciclo, que confirma si hubo ovulación. La ecografía transvaginal completa la información al mostrar cómo están los ovarios y si hay un folículo creciendo.
La reserva ovárica: cuántos óvulos quedan y cómo están
Naces con todos los óvulos que vas a tener en tu vida, y esa cantidad disminuye de manera natural con los años. A eso llamamos reserva ovárica. A partir de los 35 el descenso se acelera, y a partir de los 38 se hace más marcado, tanto en cantidad como en calidad.
Lo que puede alterarse es que la reserva sea menor de lo esperado para tu edad. Esto ocurre por genética, por cirugías previas en los ovarios, por endometriosis, por tratamientos oncológicos o simplemente por el paso del tiempo. Una reserva baja es una información valiosa: te permite decidir con tiempo, ya sea buscar el embarazo con un plan claro o preservar tus óvulos para más adelante.
Cómo lo estudiamos: con la hormona antimülleriana, un análisis de sangre que se puede hacer cualquier día del ciclo y que refleja la cantidad de óvulos disponibles, y con el recuento de folículos antrales, que se realiza por ecografía transvaginal al inicio del ciclo. Cuando hace falta, sumamos FSH y estradiol entre el segundo y el quinto día de la menstruación. Con estos tres datos juntos, tenemos una fotografía muy clara de tu reserva.
Las trompas: el lugar del encuentro
Las trompas de Falopio son los dos conductos que conectan los ovarios con el útero. Ahí es donde el óvulo y el espermatozoide se encuentran, y por ahí viaja el embrión durante sus primeros días hasta llegar al útero.
Lo que puede alterarse es que una o ambas trompas estén obstruidas o dañadas. Las causas más frecuentes son infecciones previas, endometriosis, cirugías abdominales o pélvicas y un embarazo ectópico anterior. Una trompa obstruida impide el encuentro, y una trompa dañada puede permitirlo pero dificultar el viaje del embrión.
Cómo lo estudiamos: con la histerosalpingografía, una radiografía con contraste que muestra si las trompas están permeables, o con la histerosonografía, que evalúa lo mismo por ecografía y con menos molestias. Elegimos una u otra según tu historia y tu comodidad.
El útero y el endometrio: donde el embrión se instala
El útero es el lugar donde el embrión se implanta y crece durante nueve meses. Su capa interna, el endometrio, se renueva cada ciclo y se prepara para recibirlo.
Lo que puede alterarse es la forma del útero o la calidad de esa capa interna. Los miomas, los pólipos, las adherencias dentro de la cavidad y algunas variantes en la forma del útero con las que se nace pueden dificultar la implantación o aumentar el riesgo de pérdida. Un endometrio muy fino o con inflamación también puede influir.
Cómo lo estudiamos: la ecografía transvaginal es el primer paso y muestra la mayor parte de estas alteraciones. Cuando necesitamos ver la cavidad con más detalle, hacemos una histerosonografía o una histeroscopia, un estudio que permite mirar directamente el interior del útero con una cámara muy pequeña y, si hace falta, resolver el hallazgo en el mismo acto.
Las hormonas que regulan todo el sistema
La ovulación y la preparación del útero dependen de un diálogo hormonal preciso entre el cerebro, la tiroides, la hipófisis y los ovarios. Cuando ese diálogo se desajusta, todo el ciclo se ve afectado.
Lo que puede alterarse es el funcionamiento de la tiroides, tanto por exceso como por déficit, y el nivel de prolactina, una hormona que en valores altos frena la ovulación. También pueden influir la insulina y los andrógenos, sobre todo en el síndrome de ovario poliquístico. Muchas de estas alteraciones se corrigen con tratamientos simples, y al hacerlo la ovulación suele recuperarse sola.
Cómo lo estudiamos: con un análisis de sangre que incluye TSH, prolactina y, según tu caso, andrógenos, insulina y glucemia. Es uno de los primeros estudios que pedimos, porque su resultado cambia muchas veces el plan.
La edad y los hábitos: los factores que atraviesan a todos los demás
La edad es el factor que más pesa en la fertilidad femenina, porque influye a la vez en la cantidad y en la calidad de los óvulos. Esto es parte de la biología y es independiente de tu salud general. Conocerlo te permite tomar decisiones a tiempo.
Los hábitos son el otro factor transversal. El tabaco adelanta la pérdida de reserva ovárica, el peso muy por encima o por debajo del saludable altera la ovulación, y el alcohol en exceso y el estrés sostenido afectan la calidad ovocitaria. Sobre todo esto tienes margen de acción, y con frecuencia es parte del plan que diseñamos juntos.
Cómo lo abordamos en Embrya
Cuando llegas a tu primera consulta, empezamos por escucharte: tu historia, tus ciclos, tus antecedentes y lo que sientes. A partir de ahí definimos juntos qué estudios tienen sentido para tu caso. La mayoría de las veces, con un análisis de sangre en el momento adecuado del ciclo, una ecografía transvaginal y un estudio de trompas tenemos la información que necesitamos, y siempre lo evaluamos en paralelo con el estudio de quien te acompañe, porque la fertilidad es de dos.
Con esos resultados diseñamos un plan que puedas leer y entender de principio a fin, y te acompañamos en cada paso. Tú, quien te acompañe y nosotros somos un mismo equipo, y cada dato que obtenemos es una pieza más para proyectar juntos el camino que sigue.
Un lugar para tus preguntas
Si algo de lo que leíste te resonó, si tus ciclos son irregulares, si quieres conocer tu reserva ovárica o si el embarazo se está haciendo esperar más de lo que imaginabas, escríbenos. Una consulta es el mejor lugar para resolver tus dudas, conocer tu situación real y decidir con información. Estamos aquí para acompañarte.
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